• Martes, Abril 25, 2017

Inversión y esfuerzo tecnológico = 0 (igual a cero)

Hace un par de días me reunía con un cliente y presumía que su empresa había realizado un gran esfuerzo tecnológico y que era modélica en I+D+i. Acababa de comprar hacía aproximadamente un año una máquina para mejorar una línea de producción que estaba lanzando unos productos de mucho éxito entre sus clientes. Me estuvo enseñando su preciada máquina muy orgulloso de ella y de la inversión en la que había incurrido.

Sin embargo, se quejaba de que sus empleados no estaban a la altura de esa máquina. Era demasiada tecnología para la capacitación que poseían sus empleados, y que tuvo que liderar el proyecto porque veía que se demoraba demasiado en manos de gente que no miraba por el negocio. Le interrogué acerca de la formación que habían recibido éstos y por lo que deduje no había sido suficiente, sin embargo, prefería “mirar para otro lado” y culpar a la incapacidad de los operarios. Al hablarle sobre el bien más preciado que tienen las empresas que es su personal, y la formación y cualificación de éste, me argumentó que él había hecho un gran esfuerzo económico por la empresa y empleados, pero que no se sentía correspondido por su personal, que no se podía confiar en ellos, que solo estaban allí por el dinero, que les daba igual la empresa, que iban a la ley del mínimo esfuerzo,… y otras “perlas” que os podéis imaginar.

La cuestión es que había invertido varias centenas de miles de euros en la máquina, pero ahora no quería dedicar una partida de unos 20.000 euros a completar la formación de los empleados. Le mencioné que parte de esa formación posiblemente estuviera sujeta a deducción mediante cursos bonificados y que ese último esfuerzo le permitiría completar el despliegue completo de la máquina. El tono fue en aumento hasta que concluyó que este tipo de empresas cobran por todo y que si no se les aprieta en el pago y con los descuentos, le arruinan.

Pensé yo que seguramente él sí iba regalando por ahí a sus clientes los productos, pero claro, me contuve -prudente que es uno-.

maquina-corte

Como no vi que pudiera reconducir la conversación, replegué velas y reconduje ésta al tema que me interesaba y por el que estaba allí. El motivo era tratar de presentar un ERP sectorizado para su línea de negocio principal, así como otras herramientas de software empresarial que iba necesitando dada su obsolescencia en estos temas. Conozco su empresa desde hace muchos años y lo más parecido a una inversión que ha realizado en software, es de hace más de 12 años. Y en hardware, pues casi acorde con la inversión de la década pasada excepto alguna reposición posterior.

Antes de iniciar la presentación de los productos, ya me dejó claro que él estaba servido en cuanto al “programa”, que el suyo lo hacía todo, que se lo habían hecho muy a medida y que con lo que le costó cambiar la otra vez, no quería pasar de nuevo por el mismo trago. Además dada la inversión tan reciente y la situación económica actual, no podía realizar más inversiones que no fueran dedicadas exclusivamente a catálogo de producto.

Aun así, le recomendé que viese nuestras herramientas sin ningún compromiso y que podía analizar el potencial de ellas puestas en su empresa. Accedió y comenzamos.

Durante la presentación, según iba avanzando, su software actual, cada punto que veíamos, lo tenía resuelto (cosa bastante sorprendente teniendo en cuenta que era un software de propósito general y no adaptado a su sector), y además, en el que en los últimos años no le habían dedicado recursos de mantenimiento ni evolutivo ni adaptativo. Le mencioné, no queriendo poner en duda lo que me aseguraba, que posiblemente los informes que él pedía y le daban, provenían de hojas de cálculo que elaboraban manualmente los usuarios a partir de algunos datos que posiblemente ni siquiera les proporcionaba su software, y además, era casi seguro que tuvieran que repetirlos periódicamente. Eso conllevaba un esfuerzo por parte de los usuarios inútil en el sentido de que no aportaba valor alguno a su trabajo. Que lo suyo era establecer los procedimientos de trabajo y hacerse menos dependiente de las personas, para lo cual les ayudaría un ERP sectorial. La contestación fue que él necesitaba datos, como los consiguieran era problema de ellos.

Al final de la presentación, y a modo de cierre, echamos un vistazo a la solución de Business Intelligence donde aparecían unos gráficos muy llamativos, pero sin muchas esperanzas de que prestase mucha atención sobre ello. Cuando vio una serie de estadísticas (particularmente a mi tampoco me parecían las más espectaculares), se quedó ojiplático y fue el único momento en el que prestó interés. Lo que siguió fue:

¿Eso lo puedo tener en el iPhone?

Por supuesto le expliqué que sí, pero primero debía cambiar el ERP, lo que le retornó de inmediato sus ojos al tamaño natural.

La cuestión es que da igual si las herramientas que dispone son adecuadas para la gestión diaria, pues al fin y al cabo van a usarlas los operarios y eso es intangible, pero eso sí, a él no le ha de faltar el mejor juguete. De hecho, presume ante cualquiera que le quiera escuchar que es un modelo de innovación y esfuerzo tecnológico. Sin embargo, no dice que la inversión la ha realizado por necesidad y mediante una subvención a fondo perdido, porque su obsolescencia en producción (todo era muy artesanal), le estaba dejando fuera de mercado. Esperemos que finalmente perciba lo mismo con el retorno de la inversión que le puede proporcionar unas buenas herramientas de gestión tan imprescindibles para el control y análisis de la información.

paleolitico

Así que dejé a mi cliente usando medios de producción de la modernidad y herramientas de gestión empresarial del paleolítico.

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5 Comments

  1. Bruno López
    16 Noviembre, 2013 at 9:01 AM Responder

    Comparto esas sensaciones de frustración con los dinosaurio de los negocios. Lo bueno es que el día que les venga el meteorito será un boom para los desarrolladores de ERPs.

    Saludos

    • Sergio Martínez
      16 Noviembre, 2013 at 2:08 PM Responder

      Gracias Bruno por tu comentario.

      Así estamos toda la vida, esperando el meteorito, pero seguro que le cae a un desarrollador y no al dinosaurio. 😉

  2. Antonio Begines
    13 Noviembre, 2013 at 8:14 PM Responder

    Muy buena entrada Sergio, y la ilustración del paleolítico con smartphone viene al pelo.
    Parece que es tendencia eso de “ver en el iphone” el sistema de gestión.
    A propósito de eso, pásate por http://azekia.com y cuéntame que te parece la idea.

    • Sergio Martínez
      13 Noviembre, 2013 at 10:44 PM Responder

      Gracias Antonio, me alegra que te haya gustado. La tendencia está clara, la movilidad.

      Me ha parecido muy interesante tu proyecto Azekia, y me ha llamado mucho la atención la subasta de desarrollos. Ya estamos en contacto y me cuentas como os funciona este modelo de negocio.

      Un abrazo.

  3. Inversión y esfuerzo tecnológico ...
    10 Noviembre, 2013 at 8:01 PM Responder

    […] La percepción del esfuerzo tecnológico no siempre es adecuada. Se da mucho valor a las herramientas de producción pero no a las de gestión empresarial.  […]

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